jueves, 4 de diciembre de 2008

Lea revista La Luciérnaga

CUENTO ALIMENTO
El diablo mas diablo entre los diablos
Oh, demonio recaudador de impuestos descomunales y de caudales criminales y de herencias ancestrales. Impertérrito exterminador de días felices deambulando por la nefasta soledad de las fiestas y de la vida y de la historia, ¿qué mal te hemos hecho nosotros, los pobres de los pobres de los pobres de la Tierra para que nos vengas a endosar tanta indolencia?, ¿cuánto vale una nochebuena en paz y dulces panes y un fin de año y mejor principio de copas de cristales?, ¿cuánto?, así te dejás de joder.
El cachirulo y el Pachuca se quedaron hasta muy tarde en el centro de la ciudad, anonadados. Alguien, con muchísima plata seguramente, según lo que ellos calculaban, había enganchado, que te puedo decir, cien millones de lucecitas de colores que hacían unos dibujos increíbles entre los edificios y sobre el cielo azul oscuro borrando el titilar de las estrellas del universo. El espectacular encendido de semejante fantasía los había sorprendido tirando del carrito como siempre. Sintieron un ¡chufff! como un fogonazo y después toda la gente al mismo tiempo colgó en el aire un ¡ooooooh! estirado y pletórico. En ese momento el Pachuca y el Cachirulo se agacharon al mismo tiempo creyendo que algún desaprensivo había tirado una cañita voladora gigante, pero no, eran las lucecitas de colores que hicieron estremecer el cableado eléctrico chupando voltios a tutiplén de la usina y haciéndolos reventar en los filamentos de las lamparitas.
Oh, demonio torturador de sonrisas infantiles y de vidas tan sutiles y de esperanzas civiles. Inclaudicable profanador de la estabilidad de las democracias campeando a sus anchas por las estrecheces de las almas de las gentes de los pueblos, ¿qué mal te hemos hecho nosotros, los pobres de los pobres de los pobres de la Tierra para que nos vengas a endosar tanto sarcasmo?, ¿cuánto vale una noche buena en paz y sendas flores y un fin de año con todo el amor de los amores?, ¿cuánto?, así te dejás de joder.
Una vez reestablecidos del primer impacto emocional, el Cachirulo y el Pachuca, sin despegar las manos de la cabeza, levantaron la vista como la deben haber levantado las pastorcitas de Lourdes cuando, después de un fogonazo semejante, se les apareció la virgen María en medio de la humareda, solo que estos dos no vieron a la virgen santa sino que quedaron encandilados por un resplandor que iba del violáceo al azulino sin orden de continuidad. La mandíbula inferior se les quedó abierta de par en par y entonces sí, despegaron las manos de la cabeza y se las apoyaron sobre sus bocas para que no se les escapara el alma por entre los suspiros de la oquedad. En realidad todo el mundo había hecho mas o menos el mismo gesto al unísono, lo que les igualaba la actitud como se supone que el aspecto de todos y cada uno se iguala ante los ojos de dios. Donde no se igualaban las cosas era en la patética imagen del cúmulo de basura que desbordaba el carrito magnificado por las luces superiores, mostrando una pátina gris pastel provocada por el polvo de sus búsquedas mugrientas y por las grasas de las capitales como decía García, que distaba horrores del brillo de los Mercedes Benz, del brillo de las dentaduras, del brillo de los apellidos dobles y del brillo de la opulencia que a su vez reflejaba el brillo de los cien millones de lucecitas de colores.
Oh, demonio maltratador de porvenires venturosos o no tan venturosos pero igualmente honrosos. Inconmovible asesino de bienestares, seleccionando alegrías para desollar y cariños para degollar y bienaventuranzas para decapitar, ¿qué mal te hemos hecho nosotros, los pobres de los pobres de los pobres de la Tierra para que nos vengas a endosar tanta amargura?, ¿cuánto vale una nochebuena en paz y caramelos para todos y un fin de año con más vuelo entre los vuelos, ¿cuánto?, así te dejás de joder.
El Cachirulo y el Pachuca estaban en una situación parecida a la que sentían inmersos en el clima interior de la calesita, con todas esas luces y sus reflejos y sus vueltas ensoñadoras y sus amigos de travesuras pero potenciadas por el efecto multiplicador de esa extraña bondad anual que ataca el corazón de los mortales, por el efecto multiplicador de la mirada tierna y compasiva que nos lanza un nene desnudo pero sobre todo rubio desde su pesebre inmortal y por el efecto multiplicador del papel moneda que en los diciembres, quien sabe porque extraña razón, se usa más para regalar juguetes que para comprar cuadernos a rayas. Lentamente, como los movimientos que hacen los astronautas cuando flotan en la ingravidez, el Cachirulo y el Pachuca se fueron trepando al carrito y se sentaron en la parva recolectada. Sin desconectar los ojos de la mágica iluminación que, a medida que entraba en calor dejaba escapar unos chirridos de chicharra como los del matabichos eléctrico de la heladería, se fueron recostando espalda con espalda, hacía un calor enorme pero sentían una especie de escalofrío reconfortante y entonces, el Pachuca, de una vida tan dura como la dureza de un mendrugo de pan, sintió que el brillo más brillo de todos lo brillos del mundo entero le brotó por los ojos reflejando los cien millones de lucecitas de colores, se le desbarrancó por la mejilla quemándole la cara de emoción y explotó en la vereda con el valor incalculable de una lágrima compartida con toda la sociedad, salpicando de vergüenza la decodificación humana de todas sus clases sociales.
Oh, demonio del diablo mas diablo entre los diablos, destructor de confianzas y remembranzas y esperanzas. Demonio del diablo dilapidador de futuros y profanador de conjuros y corruptor de corazones puros, ¿qué mal te hemos hecho nosotros, los pobres de los pobres de los pobres de la Tierra para que nos vengas a endosar tanta injusticia?, ¿cuánto vale una nochebuena en paz para el alma suburbana del Cachirulo y un fin de año sin lágrimas para los ojos acreedores del Pachuca?, ¿cuánto?, así te dejás de joder.

4 comentarios:

Cristina dijo...

este cuento alimento, me saco las ganas de comer.
golpe duro al plexo.
bravo!

(si la envidia no cansara tanto, envidiaria la fuerza y belleza de tu forma de decir).

gerardobasabe dijo...

Tremendos dibujos don Tomàs.un abrazo.chau.

el Tomi dijo...

Hola Cristina:
Eso no se llama envidia, eso se llama complicidad.

el Tomi dijo...

Hola Yerard:
A raíz de tu comentario se me ocurrió buscar la etimología de la palabra "tremendo", proviene del latín tremendus, part. fut. pas. de tremĕre, temer, o sea, tener miedo. Y aunque a veces es increíble cómo el uso coloquial trastoca el significado original de una palabra, no creo que en este caso diste mucho de ser un calificativo bastante acertado ya que, en reiteradas oportunidades uno trata de atemorizar al observador para que reaccione ante el mensaje, reacción que, de producirse, certificará el cumplimiento del cometido de nuestro trabajo. Y si de trabajo hablamos, mas gracioso aún me resulta que, etimológicamente, la palabra trabajar deriva del latín "tripalium", que a su vez significa "tres palos", que era un yugo formado por tres palos al que ataban a los esclavos para torturarlos. En definitiva,
“trabajo“, originalmente, significa “tortura“. Un abrazo y gracias por dejar tan esclarecedor comentario.