jueves, 20 de marzo de 2008

El ángel de lata

LOS VUELOS RASANTES DEL ÁNGEL DELATOR
Yo maté al Principito
El pescador Jean Claude Bianco tenía los ojos acostumbrados a los destellos del sol cuando recogía las redes sobre su barca en las aguas del Mediterráneo al este de la isla de Riou, frente a Marsella. Eso fue lo que le facilitó distinguir un resplandor diferente entre el brillo de las escamas, un reflejo de la suerte al que atrapó entre sus manos y le sacudió la arena húmeda del fondo del mar aquella mañana del 27 de octubre de 1998. Era un trozo de tela calcinado adherido a un objeto de plata en el cual podía leerse una inscripción, “Saintex y Consuelo“.
La historia tiene la mala costumbre de ocultar los recuerdos bajo el mar, bajo la tierra o bajo un manto de dudas, pero la humanidad carga aún con una inconducta mayor que es la de tergiversar los hechos, mentir la realidad o silenciar las verdades. La historia se libera así del pecado del error, que como todos sabemos, humano es.
Ese mismo martes de octubre, por la tarde, el director de la empresa Comex, Germain Delauze, daba la noticia en la radio France Provence. Un pescador había encontrado la pulsera grabada de Antoine de Saint Exupery, autor de “El Principito”, quien un 31 de octubre de 1944 pilotando su Lightning P 38 había despegado de la isla de Córcega y ese mismo día desapareció misteriosamente.
No fueron muchos los que creyeron en la autenticidad de la pulsera aunque ya nadie pudo detener la curiosidad de los buscadores, quienes concentraron todos sus esfuerzos en esa zona hasta que dos años mas tarde, después de que unas burbujas bailaran delante de la escafandra del submarinista profesional Luc Vanrell, apareciera ante sus ojos como un tesoro sumergido, una pieza del Lightning P 38 .
La justicia y la injusticia son hijas dilectas de la historia y, a pesar de que ni siquiera ella misma sabe cual de las dos nació primero, cada vez que una encubre, la otra devela y cada vez que la otra devela, una encubre. La memoria y el olvido, como contrapartida, son los hijos naturales de la humanidad jugando a las escondidas en el patio trasero de la vida, un día cuenta una, otro día cuenta el otro y el que no se escondió se embromó. Pero la memoria, sépanlo desde ya, siempre le termina haciendo la pica al olvido.
Horst Rippert, un piloto alemán ochentón, cerró el periódico casi sin pulso luego de leer la noticia. Tres años después del hallazgo del buzo se habían podido extraer del fondo del mar los restos del avión de Saint Exupery. Rippert proyectó en su mente el cielo marsellés de aquel mismo 31 de octubre y se volvió a ver persiguiendo al creador del Principito por los aires irrespirables de la guerra.
Cuando Rippert sopló las ochenta y ocho velitas vio como una metáfora el mismo humo que despedía el Lightning P 38 herido de muerte por sus balas y tenía a los periodistas del diario “La Provence” encima de su silencio. El 15 de marzo del 2008 un grupo de investigadores llamó a la puerta de su casa. Rippert se asomó, quien sabe si mas orgulloso que arrepentido, y dijo -Pueden dejar de buscar, yo maté a Saint Exupery-.
Quizás para ser completamente sincero debió haber dicho “yo maté al Principito“. La historia tiene la capacidad infinita de inyectar las dosis justas del tiempo que necesitan las almas para develar sus secretos. Dicen que todo está escrito y es cierto, pero el tema es que está sin publicar, la historia, por ende, es inédita hasta que la edita la memoria de los seres humanos. Nosotros en Argentina, sin ir mas lejos, este 24 de marzo volveremos a golpear la puerta de la casa de nuestros Rippert esperando que cada uno se asome y confiese que mató un Principito.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Genio... simplemete genio...

Petalo, oso, miri y tateluche!
Te queremos muchisimo!

el Tomi dijo...

Pero ustedes son conmigo, sin ustedes yo no soy.

Daniel Lòpez dijo...

lei tu historieta q le daba masa a la minita esa chiquitita ajaja muy bueno (ñ_-)