lunes, 4 de abril de 2011
Palma estro con cariño
lunes, 28 de marzo de 2011
lunes, 21 de marzo de 2011
El inconclusismo plástico

martes, 15 de marzo de 2011
La vida de los dibujos
sábado, 12 de marzo de 2011
Confieso que he vivido fuerte


jueves, 10 de marzo de 2011
Ayudame a mirar
Afortunadamente Juan Carlos Baglietto me invitó a colgar una muestra en una de las últimas paredes que quedaban de aquellas galerías antes de que cerraran para siempre y pasaran a limitarse al escueto perímetro de las cajitas del cedé. Tal vez no sea una casualidad que los personajes de la historieta Polenta con pajaritos hayan compartido con la música de Juan el breve pero inmenso mensaje de un cuento de Galeano que parecía prevenirnos de la grandeza de algunas cosas que nos estamos perdiendo con la mirada clavada en el monitor. Aquí les dejo la tapa del elepé de Juan, algunas páginas de Polenta con pajaritos y el inefable cuentito de Galeano, todo ochentero, toda una coincidencia ochentera / Click sobre las imágenes para ampliar.
Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla.
Viajaron al sur. Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando.
Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió a su padre:
¡Ayúdame a mirar!
(El libro de los abrazos) Eduardo Galeano




domingo, 6 de marzo de 2011
Alfonso Alonso Aragón
http://elmundodeanais.blogspot.com/2009/08/macri-assesino-de-la-cultura.html
http://elmundodeanais.blogspot.com/2009/08/petitorioa-quien-corresponda.html
Esto es la gloria. Y si vuelven los feriados de Carnaval, en Rosario resucita el rey Alfonso, y los rosarinos ya no vamos a tener que seguir cantando aquello de ay, ay, ay, rey Alfonso, que sonso se ha quedado el carnaval. Pongámonos las máscaras, o saquémonoslas por unos días y seamos nuestras propias caricaturas, que tanto joder.




jueves, 3 de marzo de 2011
Memoria Historietórica
Hace años que hago (entre otras cosas igual de poco serias) caricaturas políticas, y confieso que así como es un deber cívico tener memoria histórica también debería ser casi un deber cívico tener memoria historietórica. El caricaturista hace su trabajo, normalmente, en base a un archivo fotográfico (no como Ramón Columba que iba con papel y lápiz al mismísimo lugar de los hechos, el congreso, por ejemplo), así que con hacer solo una caricatura diaria y trabajando solo algunos años puede uno darse una idea de la cantidad de personajes a los que el caricaturista le clava la mirada hasta terminar su trabajo, y ya cuesta imaginarse a cuanto aumentará la cantidad de caricaturizados si las caricaturas son mas de una por día, y si bien es cierto que muchas veces el personaje será repetido, no es menos cierto que siempre aparece alguno nuevo ni es menos cierto que el repetido, vuelto a caricaturizar en otra postura, se puede considerar toda otra persona. En fin, que al final, con tanto ajetreo fisonómico puede el caricaturista llegar a olvidarse de quién se trataba, qué hacía, cómo se llamaba o lo que es peor, confundir a unos con otros haciendo bueno aquello de da lo mismo que sea cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón. Por otra parte (demás está decirlo) para un caricaturista que se precie de tal, no debería hacer falta poner el nombre debajo de la caricatura, todo lo contrario, el lector debería descubrir de quién se trata con solo darle el primer vistazo a la caricatura o, aunque mas no sea, adivinarlo. Dicho esto, vamos a ver, hagamos un ejercicio de memoria historietórica ¿quiénes carajo son estos?.


martes, 22 de febrero de 2011
Besos y polenta con pajaritos
Ese primer beso que marca la historia de los sentimientos,
que nos deja solos por primera vez enfrentando al amor,
que nos interroga por primera vez si ella miente o yo miento
y entre los dos labios ya se siente el gusto del primer dolor.
sábado, 19 de febrero de 2011
Freak City
Así como el amor permite volar a los enamorados de Freak City, la falta de amor les quita el poder del vuelo y los deja a merced de la ley de extrema gravedad, buscando un equilibrio tan difícil, una búsqueda tan sin ganas de buscar, una pérdida de tiempo tan en caída libre hacia el fondo del llanto de todos los llantos, que terminan corriendo el riesgo de morirse de un suspiro en lugar de gobernar ese alma que se les cayó a los pies justamente para aferrarse con alma y vida al alambre del equilibrio mas equilibrio de todos de los equilibrios, el del amor... propio.

jueves, 17 de febrero de 2011
Violencia de género


martes, 15 de febrero de 2011
Los vuelos rasantes del ángel delator
Si el pueblo todavía quiere saber de que se trata
El diablo mas diablo entre los diablos.
Oh, demonio recaudador de impuestos descomunales y de caudales criminales y de herencias ancestrales. Impertérrito exterminador de días felices deambulando por la nefasta soledad de las fiestas y de la vida y de la historia, ¿qué mal te hemos hecho nosotros, los pobres de los pobres de los pobres de la Tierra para que nos vengas a endosar tanta indolencia?, ¿cuánto vale una nochebuena en paz y dulces panes y un fin de año y mejor principio de copas de cristales?, ¿cuánto?, así te dejás de joder.
El Cachirulo y el Pachuca se quedaron hasta muy tarde en el centro de la ciudad, anonadados. Alguien, con muchísima plata seguramente, según lo que ellos calculaban, había enganchado, que te puedo decir, cien millones de lucecitas de colores que hacían unos dibujos increíbles entre los edificios y sobre el cielo azul oscuro borrando el titilar de las estrellas del universo. El espectacular encendido de semejante fantasía los había sorprendido tirando del carrito como siempre. Sintieron un ¡chufff! como un fogonazo y después toda la gente al mismo tiempo colgó en el aire un ¡ooooooh! estirado y pletórico. En ese momento el Pachuca y el Cachirulo se agacharon al mismo tiempo creyendo que algún desaprensivo había tirado una cañita voladora gigante, pero no, eran las lucecitas de colores que hicieron estremecer el cableado eléctrico chupando voltios de la usina a tutiplén y haciéndolos reventar en los filamentos de las lamparitas.
Oh, demonio torturador de sonrisas infantiles y de vidas tan sutiles y de esperanzas civiles. Inclaudicable profanador de la estabilidad de las democracias campeando a sus anchas por las estrecheces de las almas de las gentes de los pueblos, ¿qué mal te hemos hecho nosotros, los pobres de los pobres de los pobres de la Tierra para que nos vengas a endosar tanto sarcasmo?, ¿cuánto vale una noche buena en paz y sendas flores y un fin de año con todo el amor de los amores?, ¿cuánto?, así te dejás de joder.
Una vez reestablecidos del primer impacto emocional, el Cachirulo y el Pachuca, sin despegar las manos de la cabeza, levantaron la vista como la deben haber levantado las pastorcitas de Lourdes cuando, después de un fogonazo semejante, se les apareció la virgen María en medio de la humareda, solo que estos dos no vieron a la virgen santa sino que quedaron encandilados por un resplandor que iba del violáceo al azulino sin orden de continuidad. La mandíbula inferior se les quedó abierta de par en par y entonces sí, despegaron las manos de la cabeza y se las apoyaron sobre sus bocas para que no se les escapara el alma por entre los suspiros de la oquedad. En realidad todo el mundo había hecho mas o menos el mismo gesto al unísono, lo que les igualaba la actitud como se supone que el aspecto de todos y cada uno se iguala ante los ojos de dios. Donde no se igualaban las cosas era en la patética imagen del cúmulo de basura que desbordaba el carrito, magnificado por las luces superiores, mostrando una pátina gris pastel provocada por el polvo de sus búsquedas mugrientas y por las grasas de las capitales como decía García, que distaba horrores del brillo de los Mercedes Benz, del brillo de las dentaduras, del brillo de los apellidos dobles y del brillo de la opulencia que a su vez reflejaba el brillo de los cien millones de lucecitas de colores.
Oh, demonio maltratador de porvenires venturosos o no tan venturosos pero igualmente honrosos. Inconmovible asesino de bienestares, seleccionando alegrías para desollar y cariños para degollar y bienaventuranzas para decapitar, ¿qué mal te hemos hecho nosotros, los pobres de los pobres de los pobres de la Tierra para que nos vengas a endosar tanta amargura?, ¿cuánto vale una nochebuena en paz y caramelos para todos y un fin de año con más vuelo entre los vuelos, ¿cuánto?, así te dejás de joder.
El Cachirulo y el Pachuca estaban en una situación parecida a la que sentían inmersos en el clima interior de la calesita, con todas esas luces y sus reflejos y sus vueltas ensoñadoras y sus amigos de travesuras pero potenciadas por el efecto multiplicador de esa extraña bondad anual que ataca el corazón de los mortales, por el efecto multiplicador de la mirada tierna y compasiva que nos lanza un nene desnudo pero sobre todo rubio desde su pesebre inmortal y por el efecto multiplicador del papel moneda que en los diciembres, quien sabe por qué extraña razón, se usa más para regalar juguetes que para comprar cuadernos a rayas. Lentamente, como los movimientos que hacen los astronautas cuando flotan en la ingravidez, el Cachirulo y el Pachuca se fueron trepando al carrito y se sentaron en la parva recolectada. Sin desconectar los ojos de la mágica iluminación que, a medida que entraba en calor dejaba escapar unos chirridos de chicharra como los del matabichos eléctrico de la heladería, se fueron recostando espalda con espalda, hacía un calor enorme pero sentían una especie de escalofrío reconfortante y entonces, el Pachuca, de una vida tan dura como la dureza de un mendrugo de pan, sintió que el brillo más brillo de todos lo brillos del mundo entero le brotó por los ojos reflejando los cien millones de lucecitas de colores, se le desbarrancó por la mejilla quemándole la cara de emoción y explotó en la vereda con el valor incalculable de una lágrima compartida con toda la sociedad, salpicando de vergüenza la decodificación humana de todas sus clases sociales.
Oh, demonio del diablo mas diablo entre los diablos, destructor de confianzas y remembranzas y esperanzas. Demonio del diablo dilapidador de futuros y profanador de conjuros y corruptor de corazones puros, ¿qué mal te hemos hecho nosotros, los pobres de los pobres de los pobres de la Tierra para que nos vengas a endosar tanta injusticia?, ¿cuánto vale una nochebuena en paz para el alma suburbana del Cachirulo y un fin de año sin lágrimas para los ojos acreedores del Pachuca?, ¿cuánto?, así te dejás de joder.
jueves, 10 de febrero de 2011
Freak City (o un amor en cada puerto)
¿Existirán los amores marineros?
¿Un amor en cada puerto, existirá?
¿Existirá el amor de aquí te espero
o el amor del por favor no te vayás?
¿Y el amor que hace perder el equilibrio?
¿Y el amor al que le dicen que es de libro?
No se yo si tanto amor existirá.


lunes, 7 de febrero de 2011
Freack City
¿Habrá todavía gente que se acueste después de mirar un rato la luz de millones de estrellas y que se levante cuando escuche cantar al gallo?. ¿Habrá todavía amantes trasnochados que vuelvan volando de amor a sus alcobas?. En Freak City si, creo que si.















